• La hora de la vendimia

    El mes de agosto llega a su fin y tras un intenso año de cuidado, poda y mantenimiento del campo, para muchos llega el momento de prepararse para la vendimia. Mientras que en el hemisferio sur la vendimia se realiza entre los meses de febrero y abril, en algunas regiones del hemisferio norte se inicia en agosto y puede demorarse hasta octubre, sobre todo potenciar los azúcares en la uva ideales para la elaboración de los popularmente conocidos vinos generosos.

    Antiguamente, la vendimia tenía lugar cien días después de que las vides brotaran. Pero en el s.XXI, sobre todo en la última década, la estación veraniega cada vez más calurosa ha estrechado este periodo de maduración, ocasionando nuevos retos a los viticultores. Así, no es extraño que muchos viticultores y bodegas se encuentren realizando la vendimia antes de terminar el mes más caluroso del año. ¡Nosotros ya estamos listos!

    El análisis previo

    Antes debemos realizar un exhaustivo análisis de la uva, para lo que recogemos unos granos de muestra. No todas las variedades maduran al mismo tiempo, puesto que algunas son variedades tempranas y otras son variedades tardías. Averiguaremos el grado de maduración, con la relación porcentual entre acidez y azúcar, que nos ayudará a valorar el momento óptimo para recoger el fruto. Estudiaremos también otros aspectos, como el estado de la semilla, o la madurez de la piel, donde se hallan los taninos y aromas. Elementos como la altitud, la zona de producción, la orientación o el clima, condicionarán el resultado de estos análisis, que es el compromiso previo necesario para garantizar la elaboración de vinos de calidad. 

    Optar por una vendimia manual es la mejor opción para garantizar la elaboración de vinos de calidad.

    Últimos preparativos

    El resultado de las analíticas es satisfactorio. La despalilladora está lista, la prensa, la cuba y las últimas barricas recién compradas. Los capazos poco profundos para que la uva no se aplaste, y los recipientes y cajas de plástico o de madera, pero siempre de 10-15 kg, estarán disponibles y a mano, puesto que la selección se hará de forma manual en la propia cepa, sin cosechadoras. Los racimos se escogerán antes de llevarlos rápidamente a bodega, garantizando que pasa el menor tiempo posible desde su recogida.

    La recolecta se hará de forma nocturna o a primera hora de la mañana, evitando así las altas temperaturas diurnas aún en esta época del año para los recolectores, pero también la fermentación de las uvas. Se vigilará siempre el cielo y la previsión de lluvias, puesto que la lluvia de verano a media cosecha propiciaría la absorción de agua por parte de la uva, reduciendo sus sabores y aromas.

    Hay bodegas que deciden realizar una vendimia mecánica. Ésta es cada vez una práctica más común pues reduce significativamente los costes económicos de este delicado proceso, condicionando el tipo de cultivo que debe ser realizado en espaldera. Sin embargo, es la forma menos recomendada si lo que se pretende es elaborar vinos y espumosos de gran calidad, como nuestros Analema Negre de Nit o Millésimé.

    El calor favorece la fermentación de las uvas.

    ¡Empecemos!

    ¿Por dónde? En nuestro caso, por las uvas blancas: Macabeo, Parellada, Xarel·lo, Garnacha Blanca… Son variedades tempranas que si no recogemos a la noche, lo haremos a primera hora de la mañana, antes de los primeros rayos de sol que propician características fenólicas menos volátiles. Después, repetiremos el proceso con las uvas tintas: Tempranillo, Garnacha Peluda, Cariñena, Cabernet Sauvignon… 

    Cada racimo que llegará entero a la mesa de selección despertará una sonrisa en nuestro rostro, como la que esperamos se refleje en cada una de las botellas de nuestras colecciones que llegará a las manos de los amantes y consumidores del buen vino.