«¡Es la guerra, traed madera!» gritaba Grouxo Marx en la versión doblada al español de la película Los hermanos Marx en el Oeste. Y aunque no lo dijera en su versión original estamos de acuerdo que en un planeta como el que habitamos, plagado de bosques (aunque cada vez menos, muy a nuestro pesar) la madera es uno de los principales elementos con los que el hombre ha trabajado, incluido para incidir en la crianza del vino.

Entre la Edad de Piedra y la Edad de los Metales podríamos hablar de la Edad de la Madera, pues hay evidencias de que éste era el material principal utilizado para construir casas hace más de 10.000 años. Por supuesto, también podríamos hablar del arco y la flecha, la balsa u otras embarcaciones, las mesas y los asientos, los puentes, los carruajes y la rueda… sin embargo, hoy vamos a hablar de otra aplicación de la madera muy importante en la historia: la de la barrica para la crianza del vino.

Origen del uso de la madera en la crianza del vino

Aunque parece fácil situar el origen de la madera en el uso de la elaboración de vino en la Antigua Roma, junto a las ánforas, hay evidencias que apuntan a que los celtas del norte de Europa ya las fabricaban con esta finalidad. Mientras el odre y los pellejos de animal se destinaban satisfactoriamente a la guarda del vino, así como las vasijas y tinajas de barro, con la madera se descubrió que contribuía a su elaboración, aportándole matices de otro modo imposibles de lograr. Esto situó a la barrica de madera como la mejor opción para la crianza del vino, permitiendo un mejor afinamiento y redondeo del caldo, y por tanto que se vuelva más agradable al paladar.

La barrica de roble es de las más utilizadas para la crianza del vino.
Barricas de roble en la crianza del vino.

¿Qué aporta la madera en la crianza del vino?

La madera contribuye a la elaboración y la crianza del vino gracias a su superficie porosa que micro-oxigena el caldo, suavizando su textura, reduciendo el amargor y madurando su carácter. Así se reducen los aromas afrutados y aumentan los secundarios y terciarios. Además, enriquece el vino con taninos y compuestos aromáticos propios.

Pero si hay una variable que afecta directamente a la incidencia que pueda tener la barrica de madera en la evolución del vino, además del origen de ésta, es su tamaño. A mayor tamaño, menor incidencia, siendo habitual el uso de barricas de 225 litros o de 500 litros (aunque las hay aún más grandes…). Pero, ¿qué aporta exactamente la madera a la crianza del vino? Veámoslo:

Color

Al entrar en contacto con la madera, el vino potencia su tonalidad gracias a la reacción que provocan los taninos de la barrica.

Aroma

La madera aporta matices a tostado, especias, chocolate, humo, tabaco, caramelo, café, vainilla o coco, todo ello en función de la madera utilizada y del nivel de su tostado.

Sabor

La madera estabiliza el vino y suaviza su textura gracias a la aportación de los taninos, que redondean el resultado en el paladar, generalmente endulzándolo. Además, del mismo modo que lo hace con el aroma, agrega matices al sabor imposibles de alcanzar con el uso de otros materiales.

Las 4 barricas de roble esenciales

Es común que la madera más utilizada para la fabricación de barricas de vino sea el roble, con 4 variedades esenciales:

  1. Roble español: También conocido como roble ibérico. Es una madera de gran calidad, algo blanda y escasa a causa de la deforestación, que aporta al vino notas de caramelo y café.
  2. Roble francés: Tal vez sea el más valorado. Son maderas que respetan las características del vino moldeándolos sin cambiarlos en exceso.
  3. Roble europeo: Parecido al francés, se cultiva en Hungría, Rumanía y Croacia. Es una madera algo más bruta y con poca cesión aromática que respeta más la fruta.
  4. Roble americano: También conocido como roble blanco. Proviene de América del Norte. Es un roble robusto, fuerte y duro, con mayor cesión aromática.
Árbol de madera de acacia en Zimbabue.

Otras 4 maderas que no puedes pasar por alto

  1. Acacia: Utilizada en la maduración y crianza de vinos blancos, puede presentarse en forma de madera tostada o sin tostar. Aporta aromas florales y matices diferentes dependiendo de los periodos de permanencia del vino en la barrica.
  2. Cerezo: Es una de las preferencias de jóvenes enólogos, pues aporta notas de frutos rojos y matices tostados de gran calidad. Una madera cuyo uso aumenta año tras año.
  3. Pino: Muy utilizada en los vinos que se elaboran en las Islas Canarias dentro de la D.O. La Palma, aportando especias y aspecto envejecido.
  4. Castaño: Muy utilizada en la antigüedad, es la madera característica que se usa en la crianza de los vinagres de Jerez a los que aporta sus cualidades y características especificas.

¿Qué maderas utilizamos en ANTIGVA?

El uso de barricas es una preferencia muy personal de cada elaborador. Hay incluso quien las utiliza para crear arte. En ANTIGVA nos decantamos por crear arte con forma de vino, y lo conseguimos gracias a maderas como el Roble francés en Analema Negre de Nit, el Roble americano en Selección Cabernet Sauvignon, o la acacia en Analema Blanc de Dia. Aunque la combinación de Roble francés y Roble americano es siempre garantía de éxito, como se puede comprobar en nuestra colección de vinos ANTIGVA.